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Un Auto Gris

  • Foto del escritor: André Conde
    André Conde
  • 11 dic 2017
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 18 dic 2017

Un relato de mal de amores. Cómo surge el aprecio entre dos amigos y evoluciona en algo más. Sin tener

ese final feliz...


PARTE 1:


Todo transcurría como cualquier día común y corriente. Por la mañana la escuela preparatoria y por la tarde el entrenamiento de natación. Eran las 10 de la noche y el entrenamiento había terminado así que me dirigí a las duchas para darme un baño, vestirme para regresar a mi casa para poder descansar y así cerrar la rutina de todos los días entre semana. Salgo de los vestidores, me despido de mis compañeros pero antes de que poder abandonar el gimnasio el entrenador nos llama y pide que nos reunamos para presentarnos a un nuevo integrante del equipo. Me acerqué lentamente a la pequeña multitud que se había formado, alcé la vista y me llevé una grata sorpresa. El nuevo integrante del equipo resultó ser mi mejor amigo de la infancia, Joel, a quien había dejado de ver hace ya varios años. No me dio tiempo ni de reaccionar cuando Joel ya me estaba saludando eufóricamente. Nos estrechamos la mano y nos dimos un fuerte abrazo mientras los demás se quedaban viendo los unos a los otros sorprendidos. De repente el instructor interrumpió nuestro saludo comentando – Bien, vaya parece que ya se conocen. Me da gusto. Bueno clase el es Joel y a partir del día de mañana se unirá a nuestros entrenamientos. Sin mas que agregar nos vemos mañana.

Los demás integrantes del equipo siguieron con lo que estaban haciendo mientras que Joel y yo continuamos platicando mientras nos dirigimos a la salida. Ya sabes las típicas preguntas: ¿Qué has hecho?¿Cómo te ha ido?¿Cómo está tu familia? Etc. Entre plática y plática a medida que nos íbamos acercando al auto de Joel, me pregunta:

– ¿Vienes a pie Anto?

– Sí. Contesté.

– Bueno, entonces déjame darte el ride.

– Okay, está bien . Gracias.

Subí al auto. Un auto común y corriente. Probablemente de clase media. Un auto cualquiera. Un auto que sería testigo de tantas nuevas aventuras y desgracias. “Un Auto Gris”.


Un par de meses después de nuestro reencuentro nuestra amistad volvió a surgir como en los viejos tiempos. Solamente que en lugar de salir a jugar en el parque visitábamos bares y antros. O en lugar de jugar a ver quien se bebía un “frutsi” más rápido que el otro jugábamos a ver quien se bebía primero un tarro de cerveza. Lo único que continuaba como en los viejos tiempos era la típica pijamada de los fines de semana. Él se quedaba en mi casa una vez y para la siguiente vez yo me quedaba en la suya. Claro, para que nuestros padres descansaran alternadamente del desmadre que hacíamos al llegar a la casa después de un buen rave o concierto de rock. Cabe mencionar que no todos los fines de semana eran de salir a reventarnos. También solíamos quedarnos en casa jugando videojuegos o vagábamos en su auto por la ciudad esperando el amanecer a la orilla del mar.


Un viernes por la noche, sin avisar, Joel llegó a la casa con un semblante decaído…Continuará.


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(Ilustración por Cris Art)


 
 
 

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